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martes, 12 de junio de 2012

Fwd: [Unosmomentos] Lecturas del 12-6-12 (Martes de la Semana 10 del Tiempo Ordinario)



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De: "Unos momentos" <unosmomentos@fibertel.com.ar>
Fecha: 12 de junio de 2012 01:48:04 GMT+02:00
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Asunto: [Unosmomentos] Lecturas del 12-6-12 (Martes de la Semana 10 del Tiempo Ordinario)
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Unos Momentos con Jesús y María
 

Lecturas del 12-6-12 (Martes de la Semana 10 del Tiempo Ordinario)

 
 
SANTORAL:  San Juan Gualberto
 
Lectura del primer libro de los Reyes 17, 7-16
 
 Al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque no había llovido en la región. Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: «Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento.»
 El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber.» Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: «Tráeme también en la mano un pedazo de pan.»
 Pero ella respondió: «¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos.»
 Elías le dijo: «No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo.»
 Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 4, 2-3. 4-5. 7-8 (R.: cf. 7)
 
R. Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro.
 
 Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor,
 tú, que en la angustia me diste un desahogo:
 ten piedad de mí y escucha mi oración.
 Y ustedes, señores,
 ¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria,
 amarán lo que falso y buscarán lo engañoso?  R.
 
 Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo:
 él me escucha siempre que lo invoco.
 Tiemblen, y no pequen más;
 reflexionen en sus lechos y guarden silencio.  R.
 
 Hay muchos que preguntan:
 «¿Quién nos mostrará la felicidad,
 si la luz de tu rostro, Señor,
 se ha alejado de nosotros?.»
 Pero tú has puesto en mi corazón más alegría
 que cuando abundan el trigo y el vino.  R.
 
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16
 
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en
la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
 
Palabra del Señor.
 
 
Reflexión    
 
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
 
San Mateo coloca estas palabras de Jesús a continuación de las Bienaventuranzas. Los que viven según el estilo de las Bienaventuranzas son sal y luz del mundo. Son fermento de una nueva humanidad.
El Reino de Dios no debe perder fuerza ni permanecer oculto por miedo a la persecución, o por la dejadez de los cristianos. Al contrario, debe hacerse presente y visible en el testimonio de vida de los discípulos de Jesús.
 
No basta tener las cualidades que se enumeran en las Bienaventuranzas, sino que hay que asumir una responsabilidad ante los demás. Así como la sal, que no basta con que sea salada sino que debe salar; o como la luz, que no basta con que brille, sino que debe iluminar.
 
Los que por razones de salud deben comer sin sal, saben que las comidas sin sal son insípidas. Como la sal da sabor a las comidas, así los cristianos debemos penetrar al mundo con el sabor del Espíritu del Evangelio.
Debemos quitar el sabor amargo a un mundo que está en peligro de hundirse en el aburrimiento, la soledad, la frustración y la desesperación.
Debemos devolverle el sabor de una nueva esperanza y del amor cristiano.
 
Carne o pescado se pueden conservar con sal, para que no se corrompan. Los cristianos debemos preservar el mundo de la corrupción.
 
Antes se usaba mucho la sal para curar heridas. Los cristianos debemos sanar las heridas del cuerpo y del alma de los hombres.
 
Un poco de sal es suficiente para dar sabor a la sopa. Algunos pocos cristianos que traten de serlo de verdad, pueden cambiar el ambiente. No conviene poner demasiada sal en las comidas. El Señor espera de nosotros que demos decididamente testimonio de Él, pero no de una manera fanática.
 
Y así como la sal "sola" no sirve para ser comida, porque tiene un gusto desagradable, los cristianos no estamos para que nos encerremos en nuestro grupo. Estamos para los demás.
 
La mayor preocupación de Jesús es que los cristianos pierdan su sabor y fuerza, que pierdan el entusiasmo de la primera hora. La sal no puede dejar de salar. Es un absurdo pensar en una sal que no tenga sabor. Serviría sólo para tirarla.
Un cristiano que no asume su compromiso frente al mundo, es inútil.
 
Dice Jesús: "Ustedes son la luz del mundo". Los cristianos estamos para disipar las tinieblas. Debemos ayudar a los hombres para que puedan vivir de verdad. El mundo grita por la luz de la justicia, la verdad y la paz.
 
Vamos a  pedirle a Jesús hoy, a Él que es la verdadera "Sal" y la verdadera "Luz", que siempre seamos destellos de esa "Sal" y esa "Luz", para ayudar a transformar nuestra sociedad, dando con nuestros actos, "Gloria a Dios".
 
 
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.
 
El hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
 
El es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.
 
El es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.
 
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.
 
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
 
Himno de la Liturgia de las Horas

 

 

SANTORAL: San Juan Gualberto

 
Juan había nacido en el año 995 y pertenecía a una noble familia de Florencia, apellidada Gualberto. Era rico, noble, valiente. Tenía veinte años cuando su hermano Hugo murió asesinado. Lo encontraron ensangrentado, en el camino. Y el joven juró vengar su muerte.
Triste, ensimismado, galopaba con su escudero por la campiña de Toscana. Con dificultad cruzaron un río. De pronto, en dirección contraria, apareció un peregrino. Los ojos de Juan se posaron en él, reconociendo de inmediato al criminal. De un salto descendió del caballo. Encolerizado gritó:
-Sólo te concedo el tiempo necesario para encomendarte a Dios.
El desconocido palideció. Elevando los brazos y en ademán de súplica exclamó:
-Ten compasión. El Todopoderoso en este momento nos ve a los dos.
A Juan se le apareció en el espíritu la imagen de Cristo y, acercándose, abrazó al asesino.
-Vete en paz -le dijo-. Estás perdonado.
Despidiendo al escudero, Juan Gualberto siguió andando. Divisó la colina y en ella la abadía benedictina de san Miniato. Oró allí casi todo el día. Le pareció que Jesús le daba las gracias.
Poco después vestía el hábito de san Benito. Más tarde, con otro compañero, buscó un lugar silencioso, apropiado para la meditación. Así anduvieron hasta dar con un valle entre los Apeninos: Juan construyó una ermita que después se transformó en monasterio, regido por la regla de san Benito, con algunas modificaciones. Los monjes debían dedicarse más intensamente a la lectura y la meditación, razón por la cual se moderó el trabajo manual.
El papa Alejandro II, en el año 1070, aprobó esta congregación, rama de la orden benedictina. Desde Valumbrosa partían los monjes para fundar y reformar monasterios. El fundador intervenía personalmente en todos los trabajos y en breve tiempo se levantaron otros más, entre ellos el de San Salvi y Fusecchio. Juan, que mereció ser llamado paladín de Dios, aleccionó a sus monjes para que lucharan contra la simonía, la herejía y el cisma, que amenazaba la Iglesia.
Falleció el 12 de julio de 1073, en el monasterio de Passignano, donde está sepultado.
 
 

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos:  Andrés, Probo, Lucio, Marciana, Miguel, Félix, Nabor, Próculo, Hilario, mártires; Teodoro, Juan, protomártires rusos; Ansbaldo, Arduino, Ultán, Colman, Dagila, Desiderio, confesores; Hermágoras, Menulfo, Jasón, Partenio, obispos; Fortunato, diácono; León I, papa.


 
 

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA.  También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.

Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica.


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